María, dominicana de 53 años, tiene desde hace varios años una depresión por la que empezó un tratamiento en Massachusetts que luego continuó en Nueva York después de mudarse.

“El procedimiento me ha servido: la medicina, hablar con la trabajadora social y la psicóloga. Siento que si me hubiera quedado en Republica Dominicana no me hubiera dado depresión por el sol, el calor, la gente, un ambiente más cómodo. Pienso constantemente que si me hubiera quedado allá hubiera sido más feliz. Ese pensamiento me va a acompañar el resto de mi vida”.

La emigrante de Santo Domingo podría padecer del Síndrome del Inmigrante con Estrés Crónico y Múltiple o ‘Síndrome de Ulises’ (en referencia al héroe griego que padeció innumerables adversidades y peligros lejos de su patria y sus seres queridos). “Emigrar se está convirtiendo hoy para millones de personas en un proceso que posee unos niveles de estrés tan intensos que llegan a superar la capacidad de adaptación de los seres humanos”, aparece en un estudio de la profesora Joseba Achotegui, psiquiatra de la Universidad de Barcelona.

El estudio de 2008 ‘Migración y crisis’ sostiene que existe una relación directa entre el grado de estrés que viven estos inmigrantes y la aparición de su sintomatología. “La persona padece unos duelos y, por otro lado, porque aparecen un conjunto de síntomas psíquicos y somáticos que caben en el área de la salud mental. Entendemos por estrés un desequilibrio sustancial entre las demandas ambientales percibidas y las capacidades de respuesta del sujeto, y por duelo, el proceso de reorganización de la personalidad que tiene lugar cuando se pierde algo significativo”.

El estudio dice que existen siete duelos en la migración: la familia y los seres queridos, la lengua, la cultura, la tierra, el estatus social, el contacto con el grupo de pertenencia y los riesgos para la integridad física. Estos duelos se darían, en mayor o menor grado en todos los procesos migratorios, pero no es lo mismo vivirlos en buenas condiciones que en situaciones extremas.

María opina que entre la comunidad hispana de Nueva York hay mucha gente que necesita ayuda profesional pero no la buscan porque no quieren ganarse un estigma. “Como si fuera un delito estar deprimido. Viniendo acá he encontrado que aspectos de la vida del emigrante como la soledad, el estrés de una ciudad grande, contribuyen a que la gente sea más irritable. La vida es muy rápida, todo es contra el cronómetro”.

La mujer considera que además la estresa “la responsabilidad de sobrevivir, aunque mis hijos ya sean mayores de edad. A mi supervisor no le importa que yo tenga problemas de salud, él quiere que cubra todos los turnos y que no tenga que pedir permisos”. Concluye con que no sabe cuándo vaya a dejar la medicina (Prozac) “porque la verdad que me ha ayudando bastante”.

Una empleada del pabellón de psiquiatría del mismo Hospital Woodhull que habló bajo la condición de anonimato, comentó que buscaban ayuda personas de todas las razas, pero más hispanos porque predominan en el sector de Brooklyn cercano a las avenidas Bushwick, Graham y Broadway. “Pero son muy reservados”.

Sin embargo, reconoce que por su bagaje, algunos hispanos no creen en los procedimientos de la psiquiatría. “Sólo la aceptan cuando ven a un enfermo mental con patologías visibles”.

Organizaciones de ayuda
Margaret Sherlock, vicepresidente de la organización CenterLight Health System que ayuda a alrededor de 11,000 personas, un 25 % de estas hispanas, piensa que el insomnio sin tratar influye en los niveles de depresión y ansiedad en las persones de la tercera edad.

Sherlock revela que aproximadamente 33% de sus miembros sufre de alguna forma de depresión o de demencia y un 20% de ansiedad. Además tratan a un pequeño grupo que sufre de esquizofrenia o desorden bipolar.

“La depresión no tratada y otros problemas de salud mental también pueden amplificar una discapacidad física y disminuir la capacidad de una persona mayor de volver a la normalidad”, dice el psicólogo Edward Williams de CenterLight.

También la academia da luces sobre el asunto. Niobe Way, profesora de psicología aplicada de la Universidad de Nueva York (NYU), dice que el aislamiento social y el vicio de fumar son los dos grandes pronosticadores de la enfermedad y la muerte.

“En otras palabras, el aislamiento social mata y esto ha sido indicado en todo tipo de estudios por muchas décadas. Necesitamos comunidades más unidas para progresar”, declara Way.

Consuelo Berrío emigró de Colombia a NY a los treinta años y regresó a Colombia justo después de la jubilación a los 60 a pesar de que se alejó de sus dos hijos y sus cinco nietos que viven en el Medio Oeste. “No quería pasar el resto de mi vida lejos de mi tierra y mi idioma”, dice la mujer que vive sola en Bogotá y viaja con frecuencia a Armenia en la zona cafetera donde creció.

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