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EN LOS CAMINOS DE LA VIDA

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EN LOS CAMINOS DE LA VIDA

Palabras en el Homenaje de la Dra. Teresa Lartigue

Dra. Dolores Montilla Bravo

Presidente APM

      Hace muchos años —más de los que conviene confesar en público— decidí organizar mi vida con una claridad casi estratégica: quería entrar al Instituto de APM y formarme como psicoanalista.  Era mi sueño dorado, aunque en aquel entonces todavía no sabía cuánto oro habría de extraer de las propias minas internas.

      Le pedí al Dr. Dupont, mi primer analista —cuando yo era aún una joven con más preguntas que certezas— que me recomendara a una mujer para mi análisis didáctico. Podría decirse que le expresé mi carta a Santa Claus o siendo más ortodoxos a Santo Freud. Pedí una mujer a quien no conociera, inteligente, culta, liberal y sensible. La lista era ambiciosa.  Y el Dr. Dupont, con admirable precisión clínica, me recomendó a la Dra. Teresa Lartigue.

Así comenzó un análisis largo y profundo. Largo de verdad.  De esos que no caben en una anécdota y que transforman más que cualquier biografía.  Fue un análisis rigurosamente ético y ortodoxo, sí, pero nunca desprovisto de una gran humanidad.  Y, para mi fortuna, tampoco de humor.  Porque hay momentos en que una interpretación ilumina…… y otros en que una sonrisa sostiene.

      Transitamos por tormentas complejas, algunas teóricas; otras institucionales y otras decididamente existenciales.  Hubo épocas en que yo no veía la luz al final del túnel.  Para ser precisa: ni siquiera veía el túnel y mucho menos, la luz.  Pero nunca me sentí sola.  Y eso, con el tiempo, se convirtió en una convicción interna:  incluso en la obscuridad más cerrada hay posibilidad, si alguien ayuda a pensarla.

      Aprendí que el miedo y el dolor intensos no son señales de debilidad, sino de humanidad.  Aprendí que se puede temblar y, aún así, sostenerse.  Hoy sé que soy una mujer fuerte y amorosa, y que las cosas se resuelven —cuando se resuelven— con pasión, paciencia e inteligencia.  Aunque no necesariamente siempre en ese orden.

      Pasaron los años. Y como fueron muchos, me tocó presenciar un momento histórico:  verla convertirse en la primera mujer Presidente de APM y en la segunda Directora del Instituto. ¡Por fin nos hacía justicia la Revolución!   Confieso que sentí un orgullo, pero también una energía especial.  Fue una energía poderosa: el deseo sostenido por el trabajo sí abre caminos. Y esa escena, sin duda, dejó huella en mí.  Hoy me corresponde ocupar la Presidencia de esta querida Asociación, no puedo evitar reconocer cuánto de ese trayecto estuvo inspirado por su ejemplo.

      Terminé mi análisis y años después, comenzamos a compartir como colegas. Lo que inició en el encuadre se transformó en diálogo profesional y más adelante, en amistad.  Se fue formando un grupo de mujeres colegas que, desde sus distintos caminos, enriquecieron profundamente nuestra manera de pensar y de vivir.

      Tere siempre ha sido generosa.  No una generosidad ostentosa, sino esa que impulsa silenciosamente a crecer.  Como mujer, como profesional, como pareja, como amiga, como parte de una familia.  Promueve el equilibrio y la integración con naturalidad, como quien no necesita proclamarlo porque simplemente lo encarna.  Y, además, estimula el arte, la ciencia, la cultura y la diversión con el mismo entusiasmo que escucha una viñeta clínica.

      Por eso no puedo más que agradecerle al querido Dupont aquella recomendación tan atinada.  Me puso frente a una analista que considero una gran mujer.  Alguien que predica con el ejemplo y que siempre ha tenido un profundo respeto por la persona que soy – incluidas mis discrepancias y mis diferencias.

      Tere, hoy tengo la oportunidad de agradecerte públicamente.  Una parte importante de lo que soy está atravesado por ese proceso contigo.  La vida me ha puesto pruebas difíciles —algunas muy difíciles— y gracias a la transformación interna que el análisis posibilitó, he podido atravesarlas para salir, como dicen los italianos: avanti:  no intacta, pero sí más integra.

      He comprendido que el análisis es un proceso de transformación y libertad.  Y también que la disponibilidad —esa capacidad de estar cuando se necesita— es una forma profunda de amor. 

¡¡¡¡Gracias por estar!!!!

      Te admiro, sí.  Pero sin idealización.  Con la libertad que tú misma me ayudaste a construir en mí:  la de disentir, discutir y decidir.

      Te quiero mucho.  Y deseo que podamos compartir muchos años más en presencia, que es donde verdaderamente ocurren cosas importantes.

      Este homenaje es profundamente merecido por tu trayectoria como mujer y como profesional, en México y en el ámbito internacional.  Es una alegría celebrarlo en vida, con una mujer plena, lúcida y vital como tú.  Y es también un gusto compartirlo con los tuyos y con nuestro querido amigo y maestro Juan Vives.

      Disfrutar un homenaje en vida es un privilegio.  Y celebrarlo contigo, una fortuna.

¡¡¡¡ FELICIDADES, TERE!!!!

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