Primeramente, quiero agradecer a mi padre y a mi tío que me acompañan como miembros de mi familia a esta celebración.
A mi padre, por la vida y los cuidados, y a mi tío, a quien siempre he considerado una figura de admiración e inspiración.
Quiero compartirles un breve ensayo que realicé a modo de speech de graduación, citando mi lectura favorita de Freud además de la de Da Vinci, de toda la formación.
El texto se llama Psicoanálisis y telepatía.
1921
1921 no fue un buen año para el psicoanálisis.
¿Cuándo ha sido un año fácil para el psicoanálisis?
Citando a Freud: “no nos dejan trabajar nuestra ciencia en paz””.
En las montañas de Harz, en Alemania…
se reunían Freud, Ernest Jones, Ferenczi, Rank, Abraham y otros allegados
a discutir en lo que hoy podríamos llamar su podcast psicoanalítico
sobre las dificultades que atravesaban la humanidad y el psicoanálisis.
En primer lugar: el perdido encanto de la vida en la Tierra, a manos de la tecnología y la ciencia.
Con la aparición de la radio
y la teoría de la relatividad de Einstein,
Freud casi profetizaba lo que ocurriría con la posmodernidad
en los años venideros.
Por un lado, la radio ponía de manifiesto el auge de la tecnología
que hoy nos tiene interconectados
pero distanciados.
Por otro, la relatividad de Einstein, mal entendida,
se traducía en:
no hay verdades absolutas.
La misma ciencia dura
ya no era una fuente de sostén y tranquilidad para las personas;
todo estaba en cuestionamiento…
El psicoanálisis se encontraba en una posición delicada.
Por un lado, tenía que defenderse
de las duras críticas de la ciencia positivista;
por otro,
marcar una distanciamiento
con los ocultistas y místicos
que querían unir fuerzas
con el movimiento psicoanalítico.
Freud estaba en un dilema,
el mismo dilema que tenemos la mayoría
de quienes nos dedicamos al psicoanálisis:
los analistas somos del linaje del pensamiento científico exacto,
mecanicistas y materialistas irremediables (Freud);
sin embargo,
abandonaríamos cualquier posición —ya sea científica u ocultista—
en favor de una indagación profunda
en la vida emocional inconsciente,
que es nuestra verdadera área de exploración.
¿El motivo de toda esta introducción…?
Un caso de transmisión de pensamiento.
¿Y qué es eso?
Freud presenta el caso de un paciente:
un joven filósofo alemán de Múnich
que acude a él
por sentir que ha perdido el sentido de su vida.
El joven le cuenta
que fue con una tarotista
y que, con solo su fecha de nacimiento,
el oráculo pudo darle una profecía.
Freud, escéptico como siempre,
deduce que, por medio de un vínculo entre personas,
puede un deseo extremadamente poderoso
transferirse a otra persona.
Esa era su explicación
de lo que ocurría con la tarotista
y con la mujer adivina
que parecía poseer un saber
sobre la vida de sus clientes:
una hipersensibilidad
al deseo del otro.
El deseo según Freud, encuentra una vía de expresión deformada
por medio de un “médium”,
o dicho de otro modo,
un medio.
Por eso quiero agradecerles a todos ustedes por ser mis mediums:
a mi analista, Ricardo
mis supervisores, Alexis y Nashyiela, a mis
profesores,
compañeros de generación y de la formación,
y a todo el personal de APM,
por ser ese medio que transfirió en mí tantas experiencias y vivencias
que me permitieron entrar en contacto con esa flama de deseo.
Y por otro lado, la memoria.
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La memoria es la recopilación de pensamiento.
¿Pensamiento de qué?
Pensamientos de aquello que nos sostiene;
precisamente por eso los pensamos,
porque son los remanentes
de lo que debe ser pensado. (Heidegger)
Pero ahora, gracias a todos ustedes,
siento que puedo, por primera vez en muchos años,
dejar que la inercia lleve la mirada hacia atrás
y poder invertir la memoria al futuro.
Citándolo a Bion,
acceder a memorias del futuro.
Gracias!