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Discurso a la Generación 48 por Dra. Alexis Schreck

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Discurso a la Generación 48 por Dra. Alexis Schreck

Alguna vez pensé que enseñar psicoanálisis era transmitir un saber, pero con el tiempo fui entendiendo que no: Que enseñar —si algo de verdad se enseña— es acompañar un pasaje.

Un pasaje de lugares en los que uno va colocando.
De posiciones en la escucha.
De vínculos.

Hoy estamos aquí porque algo cambió.
Porque ya no nos encontramos en el mismo lugar de antes.
Y porque ese cambio, aunque se celebre, también duele.

Ustedes llegaron como alumnos y hoy se van —si es que uno alguna vez se va uno del todo de la posición de alumno— como colegas.
Y eso no es poca cosa.

Y así como ustedes se vieron transformados por este pasaje, también yo me transformé pues ustedes igual me enseñaron mucho en los tres semestres que tuve la fortuna de darles clase.
Me enseñaron a volver a escuchar, a no dar por sentado lo que creía sabido, a sostener preguntas abiertas sin apurarme a cerrarlas.
Me enseñaron que el psicoanálisis no se transmite como un objeto, ni se hereda como un título: se construye, se pone en juego, y se arriesga cada vez.

A ustedes los llevaré siempre en mi corazón, recordando las risas, pero también los instantes profundos.

Fernando, con tu humor negro y tus crisis, con ese recorrido valiente que realizaste desde la psiquiatría hacia el psicoanálisis, tuviste momentos difíciles, de sentirte desarmado (y yo contigo como supervisora), y sin embargo seguiste ahí. Eso también es clínica: no huir cuando algo propio se mueve.

Helena, brillante, rápida, con una inteligencia filosa y una gracia muy tuya. Y sí, también con ese talento extraordinario para estacionarte muy mal. Siempre tuviste una manera muy fina de captar lo esencial sin perder el humor.

Yuritzi, desde San Luis Potosí, con tu timidez, tu sensibilidad y tu profundidad. Hay en tu escucha algo muy delicado, muy serio, que augura una clínica cuidadosa, atenta y respetuosa.

Edgar, con ese arco dramático tan evidente a lo largo de estos 4 años, con los cambios que todos vimos y que tú te atreviste a atravesar. Afortunadamente sigues siendo tímido y tierno, y siempre recordaré ese ritual del cigarrito antes de clases, como un pequeño umbral que nos preparaba para el trabajo.

Michelle, mi consen.
Michelle llegó hace mucho. Desde la maestría le daba clases. Después como supervisanda estuvimos juntas varios años.
Tu clínica es sólida, comprometida, profundamente ética. Siempre sentí en ti una responsabilidad muy seria por los pacientes y por el oficio. Y, al mismo tiempo, una alegría viva, curiosa, una pasión que convive —y esto me encanta decirlo— con tu amor por Taylor Swift. Esa combinación tan tuya: rigor clínico y sensibilidad pop, sin cinismos ni poses.

Pero como grupo, fueron mucho más que la suma de cinco trayectorias.
Hubo discusiones intensas, chismito, confidencias, momentos de risa y de crisis, como la salida de una sexta compañera, asunto que siempre es un golpe que nos interroga. También compartimos el dolor de los actos del 7 de octubre de 2023 justo cuando trabajábamos la materia de  Sociedad y cultura, un momento histórico doloroso y conmovedor que fue imposible de dejar fuera. Todo eso también forma parte de la formación, aunque no figure en ningún programa.

Formar analistas no es sólo enseñar teorías. Lo central pasa por otra cosa:
por cómo se escucha, por qué se hace con lo que no se entiende, por la capacidad de sostener la curiosidad sin anestesiarla.

Ser analista no es aplicar un saber.
Es comprometerse con una ética.
Con el sufrimiento del otro.
Y con la propia implicación.

 No se transmite un saber sin que algo del sujeto esté comprometido.
Eso es lo que hoy reconozco en ustedes: no solo lo que saben, sino cómo están frente a lo que no saben.

Les dejo algunos consejitos para la vida

Dejen que la vida —y la clínica— los desacomode.
Dejen que los desarme un poco: ahí empieza la verdadera labor.

Recuerden que lo más importante es la curiosidad, querer entender cómo tal o cual persona llego a ser quien es, pensar como piensa, vivir como vive. Preguntarse y averiguar cómo se dio ese proceso (como si fueran ingenieros), y saber que esa pesquisa es parte de la cura.

Acuérdense que el psicoanálisis necesita sujetos vivos, deseantes, atravesados por la vida.
Amen, viajen, fracasen, hagan el ridículo, enamórense irresponsablemente si hace falta.

Sosténganse en el enigma sin taponear con teoría. Ese lugar intermedio de no-comprender-aún a veces es lo más enriquecedor. Entender rápido puede ser una defensa.

Tengan amigos analistas y frecuéntenlos mucho. Un analista no debe vivir en aislamiento.
Las supervisiones, los colegas y los grupos de estudio son una forma de autocuidado y de poder estar movilizándose frente a la clínica.

Habrá momentos de cansancio, de duda y de hastío.
Pero no todo es resistencia ni falla ética.
A veces simplemente es la vida pidiendo aire.

Nunca pierdan el sentido del humor y la capacidad de risa franca. La mejor forma de sortear las resistencias muchas veces es con un chistorete interpretativo. Y ríanse mucho de ustedes mismos, es muy liberador.

Acuérdense que no todo depende de ustedes. Aceptar los límites no empobrece la clínica: la vuelve habitable.

Cuando sientan que se desbordan, historicense y recuerden qué los trajo hasta acá. Ahí suele estar la brújula cuando todo se siente revuelto.

Y recuerden que la Asociación Psicoanalítica Mexicana no es de nadie y es de todos, intégrense pronto y comiencen dando clases en el Centro de estudios de Posgrado. Muy pronto será en sus manos que queda todo esto.

(Bueno y también… ponganse protectpor solar, hagan ejercicio, ... ¡Entrenense para el trabajo!)

No me gustan las despedidas cerradas.
Prefiero pensar esto como un pasaje.
Un cambio de lugar y una transformación de nuestros lazos.

Me alegra profundamente verlos donde están.
Me honra caminar ahora junto a ustedes como colegas, así como me honra profundamente que me hayan elegido a mí para darles estas palabras, me siento su madrina.
Y sí, también lo digo: para mí esto es un pequeño duelo.
Pero es de esos duelos que valen la pena, porque hablan de que algo fue verdadero.

Vamos a seguir en contacto, conversando, pensando, dudando juntos, y claro, chismeando.
El psicoanálisis —como ya lo dije— no se hace en soledad.

Gracias por este tiempo compartido.
Gracias por lo que fue.
Y por lo que, de algún modo, seguirá siendo.

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