Como Tenistas o Estrellas de Rock: Los políticos también tienen ‘Fans’

¿Cuándo tirarán definitivamente la toalla los simpatizantes de Donald Trump? Los demócratas esperan que la aparente connivencia con Rusia durante la campaña electoral sea la solución definitiva.

Esos simpatizantes son entusiastas de la política, un fenómeno moderno mal entendido. Cornel Sandvoss, profesor de periodismo y medios de comunicación de la Universidad de Huddersfield (Reino Unido), explica que la razón que motiva a estos seguidores es la misma que mueve a los aficionados de un deporte o de un grupo de música. La pasión por la política no es algo nuevo. Margaret Thatcher tenía su propia base de seguidores y, en 1994, Silvio Berlusconi creó un partido, Forza Italia, que recibió el nombre en honor a un canto de los aficionados al fútbol.

Pero las redes sociales dan un impulso a estos simpatizantes. Ahora los entusiastas tienen un espacio para expresarse. Los partidarios se reúnen en las redes para apoyar a sus candidatos en un debate, casi como si fuese un combate de boxeo. Las elecciones se asemejan más a un espectáculo deportivo. No es de extrañar que durante la carrera presidencial del pasado otoño, bajasen los índices de audiencia de la Liga Nacional de Fútbol Americano: muchos aficionados encontraron un nuevo deporte. Trump, que es un experto en deportes americanos, entiende su mezcla con la política. Hay que recordar el vídeo que tuiteó en el que aparece como un luchador golpeando el logotipo de la CNN. Estos grupos de seguidores funcionan mejor dentro de un sistema bipartidista como EEUU o Reino Unido. Las coaliciones desalientan a los seguidores porque los equipos no compiten realmente unos contra otros.

Estos fenómenos estadounidenses suelen desarrollarse primero en Reino Unido. En una encuesta realizada por el instituto YouGov a los votantes conservadores en las elecciones británicas de junio, un 30% respondió que su principal motivación era el voto “anti-laborista” o contra su líder, Jeremy Corbyn. Sólo un 5% afirmó haber basado su decisión en Theresa May.

La afición da a las personas una identidad. Sandvoss cree que este hecho tiene una especial importancia, ya que las fuentes tradicionales de identidad están desapareciendo: cada vez son más los adultos que no se casan, que no se identifican con sus trabajos, y que no tienen una clase económica, una religión o un grupo sindical claros. Muchas personas llenan ese vacío convirtiéndose en fans, ya sea de Trump, de los Yankees o de Apple. El psicoanalista D.W. Winnicott explica que un niño utiliza su oso de peluche como “espacio de transición” entre sí mismo y el mundo. De la misma forma, Sandvoss afirma que los aficionados a la política usan a sus candidatos como su oso de peluche u objeto que los conecta con el mundo.

Pertenencia
La afición también tiene un matiz de pertenencia. Los fans de la política se reúnen en los eventos de los candidatos formando una comunidad. Muchos de los seguidores de Trump visten uniformes de equipo Made in China, como los aficionados estadounidenses al deporte. El mes pasado, en Reino Unido, la congregación improvisada en torno a Corbyn en el festival de música de Glastonbury fue un hecho sin precedentes en la historia política del país.

Como los aficionados a la música, los fans políticos prefieren a ídolos con la cualidad de estrellas. Raramente siguen a partidos o a políticos poco carismáticos como Hillary Clinton, Hollande o May. Alguien como George W. Bush probablemente no saldría elegido hoy en día.

Algunos seguidores de Trump y Corbyn se preocupan por las políticas del Gobierno: el muro con México o la nacionalización de fábricas en Reino Unido. Pero para muchos, la política es secundaria. Ésta es la razón por la que muchos corbynistas ignoran sus posibilidades de éxito electoral. Lo que les importa a estos aficionados no es rehacer el país, sino encontrar una identidad como seguidores. Por motivos similares, en el referéndum sobre el Brexit se ignoraron los aburridos asuntos políticos. Muchos votantes eligieron simplemente un equipo, y ahora empiezan a descubrir las consecuencias.

La lealtad de por vida es su retórica tradicional: “Te apoyaremos eternamente”. Los seguidores más fieles mantienen su compromiso con su equipo frente a la adversidad. Cuando se incita a los seguidores de Trump más intransigentes a abandonarle tras las crecientes evidencias de connivencia con Rusia, éstos piensan: ahora es cuando mi equipo más me necesita. Estos fans no pueden ver a su propio equipo como el malo, así que asumen que los árbitros tienen prejuicios contra ellos.

Sin embargo, Sandvoss advierte de que muchos aficionados son en realidad seguidores ocasionales. La mayoría de ellos no va a los partidos, ni compra productos con el emblema de su equipo, y se enganchan cuando su equipo va ganando. Corbyn disfruta ahora de ese efecto, subiendo desmesuradamente en las encuestas tras batir las expectativas en las elecciones. Pero si el héroe decepciona, los seguidores ocasionales se desenganchan y buscan algo nuevo que apoyar.

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